Belleza

Las nuevas cremas hechas en Corea del Sur

La canción pop Gangnam Style describe el elegante distrito Seúl, lugar que concentra marcas de lujo y docenas de firmas cosméticas. En Corea, la estética es un valor tan importante como el trabajo o la honestidad.

“Si tienes alguna afección cutánea, lo primero que te dirían allí es ‘¿por qué no vas al médico?’”, cuenta Claudia Kwon, de Missha. La presión por la belleza es tal que el país se ha convertido en un importante destino para el turismo dermocosmético, y por ello no es nada extraño ver pacientes de Dubai o Arabia Saudita. Los cirujanos y dermatólogos poco podrían hacer sin los laboratorios que investigan, desde hace décadas, nuevas tecnologías en la rama.

Una de las particularidades de esta cosmética son sus ingredientes, aún no muy difundidos en Occidente; por ejemplo, utilizan la baba de caracol, el huevo, el bicarbonato de sodio (sus detractores subrayan su alcalinidad, pero las mujeres lo aman), el té verde, el arroz, el argán y el konjac (fibra vegetal que elimina impurezas). Por su parte, otras marcas han optado por el extracto de nido de golondrina, el de higo y las ceramidas.

“La belleza se considera parte de la salud física y mental”, dice Christianne Zacarías, de Skin79. La principal contribución de la cosmética coreana, asegura, es la cultura de la limpieza de la piel. Al día utilizan uno o dos limpiadores y de inmediato aplican un tónico. De hecho, existen espumas que eliminan casi de inmediato el maquillaje concebido para durar todo el día, como es el caso de las BB cream, uno de los cosméticos más conocidos de Corea, creado como un producto todo en uno.

Mientras Oriente y Occidente se disputan invenciones que hoy son básicas en nuestra rutina de belleza, la mayoría de las marcas se imitan o intentan superar los lanzamientos. En 2015 se conocieron los primeros cosméticos cushion coreanos. Casi enseguida, Lancôme presentó sus rubores cushion y, en 2016, su Juicy Shaker, que combina esta técnica con una formulación bifásica. L’Oréal Paris recién lanzó esta tecnología, e Yves Saint Laurent planea presentarla en julio.

Otro producto exitoso es el CC cream (Complexion Cream) que funciona como un paso previo a la base. También hidrata, aclara, protege del sol y previene arrugas. Este país revolucionó el mercado de las mascarillas al presentar una variante desechable: encerradas en sachets al vacío, conservan sus propiedades hasta el momento de usarlas. Y existen firmas que han ido un paso adelante al diseñarlas con un tapón que permite una segunda aplicación. Otra innovación son los productos bifásicos que marcas europeas y asiáticas se disputan la autoría. Estos combinan sustancias acuosas con aceites, y son usuales en los desmaquillantes.

La tecnología “sorbete” o basada en agua es otro acierto oriental: le “quitan la sed” a la piel, gracias a texturas compuestas por el líquido vital. Por último, el injection cushion, un aplicador redondo en forma de cojín y hecho de algodón, que permite inyectar más producto (y de forma pareja)para obtener una aplicación fresca. En general, esta tecnología se ve en los maquillajes compactos y BB creams, pero también en glosses y cremas para labios.

En Corea, la carrera por una piel más limpia, sana y joven está lejos de terminar. La mujer asiática nunca se conforma, busca y prueba todas las marcas hasta que encuentra lo que mejor le funciona.

 

Por Milagros Belgrano Rawson

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