Antiacné y antiedad: ¿es la luz LED?

Se trata de un hallazgo científico, con resultados visibles de forma rápida, no invasivo e indoloro. No presenta contraindicaciones porque, al contrario que la radiación UVA, no quema. Algunos estudios en torno a este descubrimiento le dan la razón, que si bien no resultan concluyentes, sí abren un camino interesante de exploración. Una publicación en The Journal of Clinical and Aesthetic Dermatology de 2018 recogía las conclusiones de diferentes investigaciones en torno a esta tecnología. El resultado: el aparato estudiado, conocido como Omnilux, había demostrado eficacia contra varias condiciones médicas. Entre ellas, se incluía el acné común, la cicatrización de heridas, la mejora de la psoriasis o usos cosméticos, como la disminución de arrugas.

Otro estudio, publicado en la revista Photomedicine and Laser Surgery en 2014, apuntaba en una dirección similar. De 136 voluntarios, eligieron a 113 para someterles a diferentes longitudes de radiación dos veces por semana hasta 30 sesiones. Finalizado el periodo, comprobaron que la piel de quienes habían recibido el tratamiento presentaba mejor aspecto y mayor cantidad de colágeno que los 23 que no pasaron por él.

El origen de esta terapia, además, impone respeto. Como confirma la NASA en su página web, la agencia espacial desarrolló esta tecnología originalmente para el cultivo y crecimiento de plantas en el espacio. «Gracias a su durabilidad, son idóneas para las misiones espaciales en las que el reabastecimiento desde la Tierra es limitado», se puede leer. Empezaron a trabajar en ella a finales de los años 80, y paulatinamente fueron desvelando más utilidades. También la reducción de los efectos secundarios de la quimioterapia en pacientes con cáncer que han pasado por un trasplante de células madre de la médula ósea. Como aseguran en su portal, ha demostrado ayudar en la cura de heridas, quemaduras y úlceras diabéticas.

De ahí, gracias a la colaboración de la agencia con otras compañías, dio el salto al cuidado de la piel. «Trasmite energía a la célula para que trabaje de forma óptima. De este modo, consigue que repare la parte dañada o se deshaga de ella. En resumidas cuentas, acaba con lo malo y potencia lo bueno». Elisabeth Álvarez, directora del centro Inout, también en Barcelona, detalla. «Los beneficios de la terapia fotodinámica dependerán de la longitud de las ondas, que le dan sus colores característicos». Los más comúnmente usados son la azul, la verde, la amarilla y la roja.

La azul, la más superficial, combate el acné. «Lo consigue eliminando la bacteria que lo produce», afirma Shuaibi. Álvarez añade el alivio de inflamación y ligero enrojecimiento de la piel.

La verde, que profundiza un poco más, sirve para controlar la hiperpigmentación. «Inhibe a los melanocitos para que no produzcan melanina, responsables de las manchas», confirma Álvarez.

«La amarilla es una gran aliada para las rojeces, las pieles sensibles o con cuperosis», desvela la directora de Inout. La directora de The Light Bar Salon que este alivio, también para la rosácea, se debe a su gran poder antiinflamatorio y a que activa la microcirculación sanguínea.

La roja, la que tiene la longitud de onda más larga, penetra en capas más profundas. Ahí consigue estimular la producción del colágeno, por lo que las dos profesionales la aconsejan para el tratamiento de los signos de la edad.

Aunque principalmente se aplican para tratar problemas del rostro, se está extendiendo su uso a otras zonas del cuerpo. «Empiezan a haber centros que usan esta tecnología para tratar celulitis, mejorar el sistema circulatorio y drenar. Del mismo modo para la zona capilar, ya que estimula la vascularización del folículo piloso», asegura Elisabeth Álvarez.

Sus efectos, aseveran las dos, se notan desde la primera sesión, aunque para obtener los resultados deseados son necesarias más. «Se suelen requerir unas cinco sesiones para apreciar cambios profundos», considera Álvarez. La frecuencia del tratamiento dependerá del estado de la piel. Para comenzar, Amira Shuaibi apuesta por dos veces por semana durante las primeras ocho semanas. «Luego valdría con pautar visitas para el mantenimiento, en función de la respuesta de la piel, que pueden ir de una vez al mes o cada dos meses». Eso sí, Shuaibi se inclina por espaciar las primeras sesiones con al menos uno o dos días de descanso. «Lo comparo con un móvil. El primer día llenas la batería. Si vienes al siguiente, la carga se mantiene en un 100%, por lo que malgastas la sesión».

Además, en función de las necesidades del paciente, se aplicará una o varias luces. The Light Bar Salon bautiza a estas combinaciones como cócteles de colores. «Radiamos unos minutos una y otros otra para estimular diferentes partes y que los resultados sean mucho más eficaces».

Elisabeth Álvarez aclara que, si bien ofrecen resultados muy satisfactorios, no sustituyen a procesos más invasivos, como las inyecciones. «Suponen una combinación perfecta que ayuda a mantener y mejorar sus resultados». Y, si bien no presentan riesgo para el cutis, Shuaibi destaca la necesidad de colocarse unas gafas para evitar daños en los ojos.

¿Y qué opinan de todos los dispositivos que se comercializan para su uso en casa? Marcas tan reconocidas como Carita, Unicskin o Foreo ofrecen sus propios aparatos para el rostro, y Redenhair ha lanzado recientemente un casco contra la alopecia. Amira Shuaibi no niega su efectividad, aunque rebaja las expectativas en resultados. «Se trata de firmas de gran calidad, nunca van a hacer daño y aportarán beneficios. Pero al estar destinados al entorno privado, deben garantizar la seguridad del usuario y su potencia nunca va a compararse con la de una máquina en un centro. Como ya he dicho, se debe proteger los ojos del paciente, y no se puede esperar que en su domicilio lo hagan. Son ideales para viajar y mantener la piel en un estado óptimo».

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